martes, 14 de febrero de 2012

Se puede amar a más de una persona a la vez ?

Durante semanas estaba con la duda acerca del post, que tendría que compartir con ustedes el "Día de los Enamorados", aunque siempre hay varias opciones a la mano, elegir la mas apropiada siempre es complicado, en esta ocasión opte por escoger un análisis que hace Marco Aurelio Denegri, acerca de la posibilidad de amar a mas de una persona a la vez, el solo leer el titulo me lleno curiosidad, y bueno después de escucharlo ..., me dejo convencido.
Quisiera compartir este vídeo, sobre todo para aquellas personas que están enamoradas (mas que de su pareja, enamoradas del amor)






Se puede amar a dos personas al mismo tiempo ?
Debemos tener en cuenta:
  1. La capacidad de amar
  2. Que entendemos por amor?
  3. La posibilidad de que una sola persona satisfaga todas nuestras espectativas e ilusiones
  4. El costo relacional
Definición de Amor (que nos brinda Marco Aurelio)

Es un sentimiento que nos mueve a desear el bien del otro (la persona amada) a procurar que, lo que se juzga su bien se cumpla, y a sentirnos verdaderamente satisfechos cuando se cumpla.
Se entiende por "bien del otro" al desarrollo de la personalidad,  su enriquecimiento espiritual su expansión de conciencia, su productividad, la adquisición y desenvolvimiento de valores.


Marco Aurelio Denegri

Después de escuchar con atención el análisis que nos brinda, surgen las inquietantes interrogantes, acerca de la posible fidelidad de nuestra pareja...

Acaso estamos condenados a llevar con nosotros la inseguridad de que podamos enamorarnos de otra persona ? Y de una u otra manera podamos dañar a nuestra pareja.....?
O peor aun que nos causen daño a nosotros.
De que manera podríamos afrontar este problema ?

Espero sus comentarios....


martes, 17 de enero de 2012

La testarudez de la mente y la resistencia al cambio

La mente humana es perezosa. Se auto perpetúa a si misma, es llevada de su parecer y con una alta propensión al auto-engaño. En cierto sentido, creamos el mundo y nos encerramos en él. Vivimos enfrascados en un diálogo interior interminable donde la realidad externa no siempre tiene entrada. Buda decía que la mente es como un chimpancé hambriento en una selva repleta de reflejos condicionados.
Tu mente, al igual que la mía, es hiperactiva, inquieta, astuta, contradictoria.
La mente no es un sistema de procesamiento de la información amigable, predecible y
fácilmente controlable, como ocurre con muchos computadores; nuestro aparato psicológico tiene intencionalidad, motivos, emoción y expectativas de todo tipo.
La mente es egocéntrica, busca sobrevivir a cualquier costo, incluso si el precio es mantenerse en la más absurda irracionalidad.
La pregunta que surge es obvia:

¿Por qué en determinadas situaciones continuamos defendiendo actitudes negativas y autodestructivas a pesar de la evidencia en contra?
¿Por qué permanecemos atados a la irracionalidad pudiendo salimos de ella?

Anthony de Mello decía que los humanos actuamos como si viviéramos en una piscina llena de mierda hasta el cuello y nuestra preocupación principal se redujera a que nadie levantara olas. Nos resignamos a vivir así, limitados, atrapados, infelices y relativamente satisfechos, porque al menos mantenemos los excrementos en un nivel aceptable. Conformismo puro.
La revolución psicológica verdadera sería salirnos de la piscina, pero algo nos lo impide, como si estuviéramos anclados en un banco de arena movediza que nos chupa lentamente.
El pensamiento que nos prohíbe ser atrevidos y explorar el mundo con libertad está enquistado en nuestra base de datos: "Más vale malo conocido que bueno por conocer". La piscina.
La mayoría de las personas mostramos una alta resistencia al cambio. Preferimos lo conocido a lo desconocido, puesto que lo nuevo suele generar incomodidad y estrés. Cambiar implica pasar de un estado a otro, lo cual hace que inevitablemente el sistema se desorganice para volver a organizarse luego asumiendo otra estructura.
Todo cambio es incómodo, como cuando queremos reemplazar unos zapatos viejos por unos nuevos. Teilhard de Chardin consideraba que todo crecimiento está vinculado a un grado de sufrimiento.

El cambio requiere que desechemos durante un tiempo las señales
de seguridad de los antiguos esquemas que nos han acompañado
durante años, para adoptar otros comportamientos
con los que no estamos tan familiarizados
ni nos generan tanta confianza.
Crecer duele y asusta.

La novedad produce dos emociones encontradas: miedo y curiosidad. Mientras el miedo a lo desconocido actúa como un freno, la curiosidad obra como un incentivo (a veces irrefrenable) que nos lleva a explorar el mundo y a asombrarnos.

Aceptar la posibilidad de renovarse implica que la curiosidad como fuerza positiva se imponga a la parálisis que genera el temor. Abandonar las viejas costumbres y permitirse la revisión de las creencias que nos han gobernado durante años requiere de valentía.

Ahora bien, podemos llevar a cabo la ruptura con lo que nos ata de dos maneras:
(a) lentamente, en el sentido de desapegarse, despegarse, o
(b) de manera rápida, lo cual implica "acepto lo peor que podría ocurrir" de una vez por todas, en el sentido de soltarse, saltar al vacío, jugársela sin anestesia.

Las teorías o las creencias que hemos elaborado durante toda la vida sobre nosotros mismos, el mundo y el futuro se adhieren a nuestra psiquis, se mimetizan con todo el trasfondo informacional y las convertimos en verdades absolutas. Les hacemos demasiado caso a las creencias que nos han inculcado de pequeños.

Si toda la vida te han dicho que eres un inútil, es probable que tu mente se crea el cuento y organice una base de datos sólida alrededor de la incompetencia percibida.
Entonces, decir: "Soy inútil" es mucho más que una opinión, es una revelación convertida en dogma de fe. El slogan educativo con los años se convierte en un mandato difícil de ignorar:
"Si mis padres y amigos me lo dicen, por algo es".
Así nace el paradigma, es decir, la certeza incontrovertible de que soy como me han dicho que soy.

Las situaciones límite siempre nos confrontan y si somos capaces de aprovecharlas, podemos revisar nuestra mente a fondo.

Las situaciones límite pueden hundirte o sacarte a flote, conformar un síndrome de estrés postraumático o formatear el disco duro. Las creencias más profundas se tambalean cuando nuestras señales de seguridad desaparecen, y allí el cambio es inevitable.

La conclusión parece obvia: nos convencemos de lo que somos, asumimos el papel que el medio nos asigna como si fuéramos ratones de laboratorio.

Pero cabe la pregunta:
¿Y si no hubiera situaciones límite que nos precipiten al cambio?
¿Si nuestra vida se quedara anclada a la rutina y a la resignación de sufrir por sufrir?
Sencillo y complejo a la vez: debemos crear nosotros mismos las condiciones límite. Hay que crear la capacidad de pensarse y repensarse a la luz de nuevas ideas. Los procedimientos psicológicos más eficientes para que el cambio se genere consisten en llevar al paciente de manera adecuada y responsable, a enfrentar lo temido, lo desconocido o lo inseguro. Es allí, durante la exposición en vivo y en directo, que la realidad se encarga de actualizar nuestro software, de curarnos, de ponernos en el camino de la racionalidad y enderezar la distorsión.

Una vez las creencias se organizan en la memoria, las defendemos a muerte, no importa cuál sea su contenido. Quizás ésta sea la base de la irracionalidad humana. Dicho de otra forma:

Una vez instaladas las creencias, defendemos por igual las saludables y las no saludables, las racionales y las irracionales, las correctas y las erróneas, aun cuando nuestro lado consciente piense lo contrario.

¿Por qué no somos capaces de descartar lo inútil, lo absurdo o lo peligroso de una vez?
Siguiendo a Krishnamurti, si vemos un precipicio no necesitamos hacer cursos de Precipicio I, Precipicio II y Precipicio III para concientizarnos del riesgo.
El hecho se impone, la percepción directa es suficiente: vemos el peligro y no dudamos en retirarnos, "entendimos", y punto.

¿Por qué entonces en la vida cotidiana caemos tantas veces por el precipicio?
¿Por qué repetimos los mismos errores?
¿Por qué nos cuesta tanto asumir una actitud racional frente a los problemas?
¿Somos masoquistas, ignorantes o testarudos?

El camino es aquietar la mente e inducirla a que se
mire a sí misma de manera realista.
Una mente madura, equilibrada y que aprenda a perder.
Una mente humilde, pero no atontada.
Una mente abierta al mundo, vigorosa y con los pies en la tierra.


Walter Riso

domingo, 9 de octubre de 2011

La Persona «Real»

En nuestra sociedad actual le damos mucha importancia al hecho de ser auténtico. Ya es un lugar común lo de las máscaras con que ocultamos el rostro de nuestro yo «real», o lo de los papeles con que disfrazamos nuestra verdadera personalidad.
Se sobreentiende que en algún lugar, dentro de ti y dentro de mí, se oculta nuestro verdadero «yo».
Y se supone que éste es una realidad estática y ya formada.
Hay momentos en los que este mi yo real se manifiesta abiertamente, y hay otros momentos en los que me siento obligado a ca­muflarlo.

Tal vez esté justificado este modo de hablar; pero, en mi opinión, es un modo de hablar que puede ser más engañoso que otra cosa. Ni en tu interior ni en el mío existe tal persona perfecta­mente acabada, fija, verdadera y real, precisa­mente porque ser persona implica necesariamente hacerse persona, existir en proceso.

Si yo soy algo como persona, ese algo es

lo que yo pienso,
juzgo,
siento,
valoro,
respeto,
estimo,
amo,
odio,
temo,
deseo,
espero
en lo que creo
y
con lo que me comprometo.

Estas son las cosas que defi­nen mi persona; y estas cosas están en un constante proceso de cambio. A no ser que mi corazón y mi mente estén total y absolutamente acorazados, to­das estas cosas que me definen como persona están cambiando constantemente.

Mi persona no es un pequeño y tenaz núcleo encerrado en mi interior, una especie de estatuilla perfectamente formada, auténtica y real, fija y per­manente; «persona» implica más bien un proceso dinámico. En otras palabras, si tú me conociste ayer, hazme el favor de no pensar que hoy estás tratando con la misma persona. Hoy tengo una mayor experiencia de la vida, he descubierto nue­vas profundidades en las personas a las que amo, he sufrido y he orado... y soy diferente.

No me atribuyas, por favor, un comporta­miento fijo e irrevocable, porque yo, como todo el mundo, estoy «metido en el ajo», tratando de aprovechar las oportunidades de la vida diaria.

Acércate a mí, pues, con un cierto sentido de cu­riosidad, y busca en mi rostro, en mis manos y en mi voz los indicios del cambio; porque lo que es seguro es que he cambiado.

Ahora bien, una vez que admitas esto (si es que lo admites), puede que todavía me dé cierto miedo decirte quién soy.



.......
Ninguno de nosotros quiere ser un impostor, pero los temores que experimentamos y los riesgos de una autocomunicación plenamente sincera nos parecen tan intensos que el buscar refugio en nuestros papeles, máscaras, roles, y juegos, se convierte en un acto reflejo casi del todo natural.

Al cabo de un tiempo, puede que incluso nos resulte difícil distinguir entre lo que realmente somos, en un momento dado de nuestro desarrollo como personas, y lo que pretendemos aparentar.

Este es un problema humano tan universal que bien podríamos llamarlo la condición humana.

Al menos es la condición en la que la mayoría de nosotros nos encontramos y el punto de partida, también mayoritario, hacia la madurez, la integridad y el amor.

Del libro:
¿Por qué temo decirte quien soy?
John Powell

viernes, 23 de septiembre de 2011

DIA DE LA PRIMAVERA Y DE LA JUVENTUD



Cada 23 de septiembre se celebra el inicio de la estación más mágica del año:
La primavera. Y no solo eso, también es una fecha oportuna para festejar la amistad y la juventud. La analogía no puede ser mejor: la naturaleza renace mostrando su armonía y la juventud, llena de energía, proyecta el mejor momento en la vida de un ser humano para realizar todo con optimismo.

También se ve a la primavera como la estación más enamoradiza del año. El amor y la amistad son dos palabras que siempre se tienen presentes en los discursos ofrecidos por los colegios y demás instituciones los 23 de septiembre. Lo cierto es que no son apreciaciones subjetivas sino más bien están ligadas con la aparición del calor y el embellecimiento de la naturaleza, dos factores que propician la mayor relación entre las personas.

¿Quién alguna vez no ha aprovechado la primavera para salir de la ciudad al campo?
Luego de tanto invierno – al menos después de este 2011 friísimo en la costa del Perú – es rico salir de paseo aunque sea un domingo de primavera para gozar de las flores y las mariposas, de los pajaritos que cantan más temprano, del sol que calienta pero no quema…

Digamos que hoy el Perú es un país joven que pasa por la mejor de sus primaveras. Se sabe que estamos en una etapa de crecimiento económico y que además la identidad nacional se está consolidando como nunca antes. Los peruanos demostramos que el mundo puede ser nuestro si queremos, vemos el lado optimista de las situaciones y esto nos hace “eternos seres primaverales”, idealistas y luchadores. Sigamos dándole por el lado amigable a todo lo que se nos presente y vamos a tener dentro de muy poco una nación sólida como las piedras en las que se forjó el gran imperio de los Incas.

No por nada tenemos al norte del país la ciudad de la eterna primavera:
Trujillo y más arribita está Chiclayo, la capital de la amistad. Son dos pruebas más de la riqueza cultural, natural y espiritual que Dios le ha entregado a esta gran nación.

Ahora quiero compartir con ustedes algunos videos que hablan de la primavera, tenemos para todos los gustos…

La cantante griega Nana Mouskouri nos canta “De colores”:

domingo, 7 de agosto de 2011

Ao Infinito... e Além !!!!!!!!!!!

El dia de Ayer, mientras revisaba las actualisaciones del facebook, me di con la sorpresa de que una amiga puso en su muro "Al infinito... Y más allá"("Ao Infinito... e Além", en portugues), que es la frase que caracteriza a Buzz Lightyear(de la pelicula Toy Story), quien de nosotros no ha tenido la oportunidad de ver una de las peliculas ?, aunque en lo personal, cuando estoy con mis amigos y sale el tema de peliculas animadas, suelo decir que lo eh visto ãcompañando a mis sobrinitos o con mis primitos, cuando en realidad no lo vi por acompañarlos, sino porque en realidad queria verlas, jejeje.

Resulta que Buzz no sabía que era un juguete creyendo ser el verdadero Buzz Lightyear, guardián del espacio estelar. Ademas también creía que su equipo y su traje eran completamente funcionales sin darse cuenta que su radio comunicador era una etiqueta, que su rayo láser era una pequeña luz LED roja, que no podía volar. Etc.
En el camino Buzz se da cuenta que realmente es un juguete al ver un comercial de televisión cayendo en depresión, pero Woody le muestra como ser un juguete tiene sus ventajas y juntos logran llegar otra vez con su querido dueño antes reuniéndose otra vez con los demás juguetes.

Porque menciono a Buzz Lightyear ?
Porque muchos de nosotros hemos actuado como Buzz, en varias ocaciones de nuestro diario vivir, de una forma consciente o inconsciente(en la mayoria) , tenemos preconceptos(ideas predeterminadas) de muchas cosas, de circunstancias, de personas, de como deberia de funcionar el mundo, lo cual me trae a la memoria una meditacion de Anthony de mello, la cual la transcribo a continuacion:

Si observas de qué modo estás hecho y cómo funcionas, descubrirás que hay en tu mente todo un "programa", toda una serie de presupuestos acerca de cómo debe ser el mundo, cómo debes ser tú mismo y qué es lo debes desear.

¿Quién es el responsable de ese "programa''?
Tú no, desde luego. No eres realmente tú quien ha decidido cosas tan fundamentales como son tus deseos y exigencias, tus necesidades, tus valores, tus gustos, tus actitudes... Han sido tus padres, tu sociedad, tu cultura, tu religión y tus experiencias pasadas las que han introducido en tu "ordenador" las normas de funcionamiento. Ahora bien, sea cual sea tu edad y vayas adonde vayas, tu "ordenador" va contigo y actúa y funciona en cada momento consciente del día, insistiendo imperiosamente en que sus exigencias deben ser satisfechas por la vida, por la gente y por ti mismo. De hacerlo así, el "ordenador" te permitirá vivir pacífica y felizmente: de lo contrario, y aunque tú no tengas la culpa, generará unas emociones negativas que te harán sufrir.

Cuando, por ejemplo, otras personas no viven con arreglo a las expectativas de tu "ordenador", éste te atormenta a base de frustración, de ira, de amargura... O cuando, por ejemplo, las cosas escapan a tu control, o el futuro es incierto, tu "ordenador" insiste en que experimentes ansiedad, tensión, preocupación... Entonces empleas un montón de energías en hacer frente a esas emociones negativas. Y generalmente te las apañas para gastar aún más energías en intentar cambiar el mundo que te rodea, al objeto de satisfacer las exigencias de tu "ordenador". Con lo cual obtienes una cierta dosis de una paz bastante precaria, porque en cualquier momento la menor nimiedad (un tren que se retrasa, una grabadora que no funciona, una carta que no llega... ) no es conforme con el programa de tu "ordenador", y éste se empeñará en que vuelvas a preocuparte de nuevo.

Por eso llevas una existencia patética, siempre a merced de las cosas y las personas, tratando desesperadamente de que se ajusten a las exigencias de tu "ordenador", a fin de poder tú disfrutar de la única paz que conoces: una tregua temporal de tus emociones negativas, cortesía de tu "ordenador" y de tu "programa".

¿Tiene esto solución? Por supuesto que sí. Naturalmente, no podrás cambiar tu "programa" de buenas a primeras, o quizá nunca. Pero ni siquiera lo necesitas. Intenta lo siguiente: imagina que te encuentras en una situación o con una persona que te resulta desagradable y que ordinariamente tratas de evitar. Observa ahora cómo tu "ordenador" entra instintivamente en funcionamiento e insiste en que evites dicha situación o trates de modificarla. Si consigues resistir y te niegas a modificar la situación, observa cómo el "ordenador" se empeña en que experimentes irritación, ansiedad, culpabilidad o cualquier otra emoción negativa. Sigue considerando esa situación (o persona) desagradable hasta que caigas en la cuenta de que no es ella la que origina las emociones negativas (ella se limita a "estar ahí" y a desempeñar su función bien o mal, acertada o equivocadamente: es lo de menos).

Es tu "ordenador" el que, gracias al "programa", se empeña en que tú reacciones a base de emociones negativas. Lo verás mejor si logras comprender que hay personas que, con un programa diferente, y frente a esa misma situación, persona o acontecimiento, reaccionan con absoluta calma y hasta con gusto y contento. No cejes hasta haber captado esta realidad: la única razón por la que tú no reaccionas de ese modo es porque tu "ordenador" insiste obstinadamente en que es la realidad la que debe ser modificada para ajustarse a su "programa". Observa todo esto desde fuera, por así decirlo, y comprueba el prodigioso cambio que se produce en ti.

Una vez que hayas comprendido esta verdad y, consiguientemente, haya dejado tu "ordenador" de generar emociones negativas, puedes emprender cualquier acción que creas conveniente. Puedes evitar la situación o a la persona en cuestión: puedes tratar de cambiarla; puedes insistir en que se respeten tus derechos o los derechos de los demás; puedes incluso recurrir al uso de la fuerza... Pero sólo después de haber conseguido liberarte de tus trastornos emocionales, porque sólo entonces tu acción nacerá de la paz y del amor, no del deseo neurótico de satisfacer a tu "ordenador", de ajustarte a su "programa" o de liberarte de las emociones negativas que genera. Y sólo entonces comprenderás cuán profunda es la sabiduría de estas palabras: "Al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica. déjale también el manto; y a quien te fuerce a caminar una milla. acompáñalo dos". Porque te resultará evidente que la verdadera opresión proviene, no de las personas que pleitean contigo ni de quien te somete a un trabajo excesivo, sino de tu "ordenador", cuyo "programa" acaba con la paz de tu mente en el momento en que las circunstancias externas dejan de ajustarse a sus exigencias.

Se sabe de personas que han sido felices... ¡incluso en el opresivo clima de un campo de concentración! De lo que necesitas ser liberado es de la opresión de tu "programa". Sólo así podrás experimentar la libertad interior que está en el origen de toda revolución social, porque esa intensísima emoción, esa pasión que brota en tu corazón a la vista de los males sociales y te impulsa a la acción, tendrá su origen en la realidad, no en tu "programa" ni en tu ego.