martes, 9 de febrero de 2010

EL AMOR ES

A la persona no se la puede desear, porque en cuanto deseas a una persona la has dejado de amar como tal.
Yo no soy una cosa ni soy lo otro.
Yo no soy deseable ni indeseable.
Yo soy lo que soy y nada más.

Tú llegarás a amar a las personas en cuanto no te importe lo que son las personas.
El amor es impersonal. En el amor no se mete la personalidad.
El amor es, y fluye por medio de ti; tú no lo fabricas y en el amor la persona se queda a un lado. Por eso, el amor te deja libre y disponible.
El "yo" es un impedimento para amar.
Cuando eliges, o comparas, o pides comparaciones, es porque necesito a esa persona para amarme a mí mismo.

Cuando desaparecen los recuerdos, los prejuicios y las visiones subjetivas, entonces ya surge el amor que fluye desde donde es.
La personalidad, el "yo", es un impedimento para amar, porque considero a las personas amadas como algo mío.
Amo a mi hijo, a mi marido, a mi familia, porque es algo mío, distinguiéndolos de lo que queda más lejos.

Entonces estoy cosificando lo más cercano como pertenencias a las que debo amar.
Y el amor no sabe de deberes ni de gratificaciones, porque el amor es libre y gratuito.
“Te amo, te quiero, te necesito, no puedo vivir sin ti"
significan: me agarro a ti porque llenas mi necesidad, mi apego.
Eso es egoísmo. El amor existe, aunque no hubiera nadie allí.
Es nuestra esencia y se manifiesta en una manera de ser, un estado del alma, y está en consonancia con la capacidad de ver y existir, y en cuanto veas y seas tú mismo libremente, no podrás ser otra cosa que amor.
Tenemos una idea equivocada del amor como algo muelle, dulzón y consentidor.

El amor va siempre unido a la verdad y a la libertad, y por eso nunca es débil. Puede ser brusco, pero también puede ser suave y más dulce que nada. Jesús fue amor siempre, y en su vida se manifestó unas veces brusco, duro incluso y otras tierno, dulce y sensible. El amor va siempre unido a la verdad y a la libertad y por eso nunca es débil.
Puede ser brusco, duro incluso, y otras tiernos, dulce y sensible. El amor da siempre la respuesta acertada, no se equivoca.
Por eso no puedes imitar a Jesús. ¿Cómo vas a imitarle?, ¿acaso tú eres él?

Cada uno tiene que ser auténtico, ser uno mismo, y Jesús lo fue hasta el fin.
El día que yo sea tan auténtico como lo fue Jesús, entonces no tendré que imitarle, pues en cada instante sabré lo que hacer. El día que llegue a ti la iluminación, serás amor y vivirás la eternidad en cada instante.

Tony de Mello

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